Mi familia

La familia en los tiempos del COVID

Cuando Américo Vespucio, un tipo nacido en Florencia, de familia noble venida a menos, llegó a Sevilla como mero funcionario para la filial española de los Medici, no imaginaba que su nombre pasaría a formar parte del léxico popular para siempre. Corrían los últimos años del siglo XV, y en la bella Híspalis se dedicó a proveer a las embarcaciones que ponían rumbo a las Indias con el apoyo logístico necesario.

Cuentan que allí conoció a Colón, sin saber que le birlaría el mérito años más tarde. No fue hasta embarcarse en viaje ultramarino con Alonso de Ojeda, el hombre que descubrió aquella tierra llena de canales, esa pequeña Venecia a la que llamó Venezuela, cuando Américo se dio cuenta de que aquella tierra no eran unas simples Indias, sino que se trataba de algo más. De vuelta en la península, trabajó diseñando los mapas de lo que ya parecía un nuevo continente. Esos diseños, aupados por sus mentores, los Medici, se hicieron tan famosos que el geógrafo alemán Martín Waldseemüller no pudo evitar acordarse de él al presentar su Universalis Cosmographia, en 1507: por primera vez se trazaba un continente separado de Asia; y lo llamó, claro, América.

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