Visita y subida a la Estatua de la Libertad

Alrededor del mundo, hay y ha habido mujeres famosas, pero, indiscutiblemente hay una señora que despunta por encima de todas ellas y que, sin lugar a dudas, nadie en el mundo se demora en reconocer cuando entrevé su silueta. Esta dama habita en una pequeña isla llamada Liberty Island y da el pláceme a todos los visitantes de Nueva York, desde su bahía; siendo la primera visión que tenían los inmigrantes europeos al llegar a Estados Unidos, tras su travesía por el océano Atlántico. Sin duda, se trata de la tan reconocida, Estatua de la Libertad, un icono a nivel mundial y cuya historia y detalles son desconocidos por muchos de nosotros.

La Estatua de la Libertad, es uno de los emblemas más populares de Nueva York, de los Estados Unidos, y de la Tierra. Su ubicación está situada en la isla de la Libertad, cuyo nombre original era el de isla Bedloe, al sur de la isla de Manhattan, junto a la desembocadura del río Hudson y próxima a la isla Ellis. El monumento, fue un regalo de amistad internacional del pueblo francés al estadounidense, ideado por el escultor Frédéric Auguste Bartholdi, en conmemoración del centenario de la Independencia de Estados Unidos, en 1876 y con los años, ha llegado a convertirse en un símbolo universal de libertad y democracia.

Esta maravilla que simboliza la Libertad, asombrosamente fue creada en el estudio del escultor francés y su construcción duró más de quince años. La combinación de su talento artístico, sumado a las innovadoras técnicas del ingeniero Gustave Eiffel, tuvo como resultado un producto majestuoso. Su eje central es de hierro recubierto por unas 300 láminas de cobre –material ligero y algo flexible- que fueron sostenidas con puntales provisionales para evitar que se doblaran y, más tarde, unidas con remaches hasta dar forma a todas las partes. Representa ademas a Marianne, símbolo mítico y emblema de Francia. Marianne, figuradamente no es ninguna persona que existió, aunque bien podía haberlo sido; aun así, representa los valores de la República y del pueblo francés: Libertad, Igualdad, Fraternidad. Ella es la representación simbólica de una patria guerrera, fogosa, pacífica, alimentadora y protectora.

Resulta verdaderamente placentero y encantador vivir la experiencia de visitar y subir hasta la corona de este colosal monumento para así  conocer las entrañas de esta gran mujer. Para poder realizar la visita, se debe reservar plaza con varios días de anticipación, en la página Statue Cruises, debido a la gran afluencia de público.

Los precios varían según a donde se quiera subir. El precio más alto son unos $23 para subir hasta la corona. Los barcos zarpan desde Battery Park en Manhattan o desde Liberty State Park en New Jersey. Una vez allí, podrás recorrer el interior a través de una escalera de caracol, hecha de metal, con 354 escalones, que asciende hasta la cabeza del monumento. Desde las veinticinco ventanas que se encuentran en la corona, se puede admirar el puerto de la ciudad de Nueva York. Se estima que para subir el total de las escaleras, se invierten unos treinta minutos y solamente lo pueden hacer 240 personas al día (en grupos de diez personas, con un límite de treinta visitantes por hora). 

En cuanto al simbolismo místico podrás observar que en la mano izquierda, sostiene una tablilla con la fecha de la Declaración de independencia grabada. En la derecha, alza una antorcha que simboliza la luz que ilumina el camino hacia la libertad y por debajo de su túnica, asoman los pies y cadenas rotas, símbolo también de libertad.

A partir del año 1986 se prohibió el acceso a la antorcha, a través del brazo, por seguridad de los visitantes. Otro dato a tener en cuenta es que antes de comenzar a subir, debes dejar la mochila en espacios establecidos para ello y solo puedes llevar consigo agua para tomar y la cámara. Lo estrecho del interior de la estatua es lo que causa mayor emoción, puesto que se convierte en un reto el seguir subiendo hasta llegar a la corona y al llegar allí es una experiencia indescriptible el saber que ya lo has logrado y estás en los 93 metros de altura.

Esta colosal escultura es un elemento clave del paisaje de la ciudad, cautivando a los neoyorquinos y los visitantes por igual, gracias a su belleza alegórica digna de admirar. 

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