Pekín, capital de China
Viajes

Mi primer viaje a China

Esta vez voy a escribir sobre mi primer viaje a China, donde a lo largo de siete años y por trabajo de mi esposo, tuve la oportunidad de vivir en diferente provincias en temporadas de tres o más meses. Lo más interesante de esta experiencia es que me tocó ver la tremenda evolución de este país, conociendo sus tradiciones, costumbres, gastronomía, historia y formas de vida que fueron cambiando rápidamente, de acuerdo al avance de su economía y apertura al mundo occidental.

Aún vivíamos en San Luis Potosí, México, cuando a mi esposo, recién contratado por DMS (empresa francesa), fue enviado a China en el mes de febrero de 1997. Yo me quedé en San Luis Potosí con mis hijos, que en ese entonces estaban en la escuela.

Organicé mi viaje para ir a China en el mes de abril de ese año y pasar con mi esposo su cumpleaños, además de llevarle algunas cositas que me pidió y que no las encontraba donde vivía.

Fue un viaje muy largo, casi cuarenta horas. Salí de San Luis a Guadalajara en coche, para tomar de ahí el primer vuelo a Houston, luego a Detroit con destino final a Pekín. En esa época solo llegaban a esta ciudad las líneas aéreas Air France y American Airlines y, si mal no recuerdo, creo que ese mismo año empezó a volar también KLM.

Llegué al aeropuerto de Pekín a eso de las siete de la tarde (horario chino) y recuerdo que el recinto tenía un aspecto militar y sombrío. Nada que ver con el actual. El personal era militar y los empleados de servicio vestían ropa simple de color gris, tal y como un país comunista del que yo tenía una leve idea.

Mis maletas no llegaron, los chinos no hablaban inglés y yo moría de cansancio. Para poder dejar mis datos, mandaron llamar a una persona que sabía un poco de inglés. En todo momento el personal se portó amable y considerado conmigo. Así que rellené los documentos necesarios para reclamar mis maletas.

«Mi Juan» (como le digo a Jean, mi esposo, de cariño) me estaba esperando con un taxi para ir al hotel. Le conté toda mi aventura del viaje y lo preocupada que estaba por las maletas, pues el contenido era muy valioso: quesos, tequila, chiles en vinagre, pasta de dientes, crema para rasurar, rastrillos, tenedores, jabón de baño y no recuerdo cuántas
cosas mas.

El aeropuerto estaba retirado de la ciudad. Ya era de noche y había poca iluminación en las calles. Llegando a la ciudad solo se veía una que otra lamparita o focos con una luz muy tenue y amarillenta, lo cual mostraba un panorama sombrío y hasta triste. Reconozco que conforme iba viendo eso, internamente pensaba: “pobre de mi Juan, aquí está bien feo”.

Llegamos al hotel y el restaurante ya estaba cerrado, salimos a ver si encontrábamos algo de comer,  pero no había ningún lugar abierto. En China todo cerraba temprano. Nos regresamos al hotel, me bañé y me dormí.

Al día siguiente en la recepción nos dijeron que habían llamado del aeropuerto para decir que mis maletas llegarían en el siguiente vuelo, el cual se daría en cuatro días, así que les dimos la dirección de nuestro destino final en la ciudad de Taiyuan, en la provincia de Shanxi.

Sin mis cosas personales, tuve que comprar ropa, así que aprovechamos estar en la capital del país para hacer algunas compras, pues en ese entonces Taiyuan, que era una ciudad muy retrasada, no tenía mucho en comercio y modernidad, como ahora lo refleja. Empezamos a caminar buscando la tienda que nos habían recomendado en el hotel, y el sonoro ruido que hacían todos los chinos que caminaban por la calle al aventar un escupitajo ¡era impresionante!

Cuando llegamos a la tienda no había ropa de mi talla, pues aunque yo no era gorda, el tallaje no me ayudaba, dado que las mujeres chinas son delgadas y escurridas , así que compré lo más básico, que por cierto me resultó feo e incómodo.

El vuelo que nos llevó de Pekín a Taiyuan fue por China Air. Recuerdo que la nave en su interior me pareció muy descuidada, pues hasta los asientos lucían percudidos. No había mujeres ni niños entre los pasajeros, eso me llamó mucho la atención. Poco después descubrí que era porque la economía del país todavía no estaba desarrollada, como lo está ahora.

Mi esposo me comentó que Taiyuan era una ciudad de tres millones de habitantes, el hotel donde vivía era del gobierno chino. Tenía cuatro plantas: la primera con una tiendita a la entrada nada más; la segunda planta era solo para huéspedes chinos; la tercera para los extranjeros, que por cierto tenía un gran salón de reuniones, y en la cuarta planta se hospedaba el personal administrativo del hotel.

Al día siguiente mi esposo se fue a trabajar y me quedé sola para empezar a descubrir este hermoso e interesante país, en donde nunca sentí miedo ni soledad, ya que el pueblo chino es amable y hospitalario, a la vez que son tímidos y respetuosos, pero «curiosos de conocer» a los ojos redondos y narices largas, como ellos nos llamaban.

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4 Comentarios

  1. Rache dice:

    Se Lee súper interesante, una aventura que apenas empezaba y dan ganas de saber más!

    1. Pues continuará…..

  2. Rosa Elia Bideau dice:

    Lindo relatos con lujo de detalle mis respetos por su increíble memoria!!
    Y como no recordar que convivimos antes de viajar y despedirte en Guadalajara!!!

    1. Sii, cuantos recuerdos!

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