En este post habrá diversidad de opiniones, pero el caso es solo uno: hay pandemia. Esto me hace reflexionar, pensar y recordar la Semana Santa que he vivido en mi niñez y juventud en México.
Cuando veo las noticias o telediarios, como se les dice en España, me pongo a pensar en este mundo que ha perdido valores, principios, ética y lógica. Esto es mi punto de vista, lo aclaro.
En el pasado, sin mencionar año ni país, el concepto de Semana Santa era recordar la Pasión de Cristo. Días de guardar y en algunas familias, de luto.
Ahora es una temporada que, con los vacacionistas, puede dejar a los países un gran ingreso económico en los comercios y empresas dedicadas al turismo.
Los partidos políticos y los gobiernos luchan por ser los mejores postores de reglas que, “sin descuidar la salud” cuidan la economía para sus ciudadanos.
A lo largo de un año en el que todos hemos sufrido confinamientos totales o parciales, con semáforos de diferentes colores, estados de alarma o restricciones que –si no las respetas– traen consecuencias de multas o prisión, estamos
cansados e incrédulos de las decisiones que toman nuestros gobernantes.
Todo este remolino de opiniones, tanto de ciudadanos como de gobernantes, me hace reflexionar: ¿Hemos perdido la dirección?
Creo que lejos de criticar o apoyar, cada uno debemos reflexionar en nuestra soledad. Y al decir reflexionar, recuerdo las palabras de mi madre, cuando me decía que la Cuaresma y Semana Santa eran tiempos de reflexión.
Sin tomar una línea religiosa, creo que hemos perdido la capacidad de reflexionar.
Hay tanta información que no podemos permitirnos el momento de poder saber lo que realmente queremos, y es tanto nuestro afán de agradar a todos, que apoyamos o damos “me gusta” a temas que no van de acuerdo con nuestras ideas o ideales.
Como empecé este post hablando de la salud, hay que reflexionar: ¿Cuánto nos importa tener salud?
Entiendo la preocupación de los empresarios del turismo por perder su ingreso económico que les llega a través de sus negocios, pero si pierden a un ser querido, ¿esto vale la pena? Yo no lo sé, no tengo ninguna empresa del sector turístico. Creo que es un tema para reflexionar.
En mi tierra decimos: “mientras hay vida, hay esperanza”. Y esto es cierto, no me imagino a un empresario del turismo con un hotel o restaurante próspero a costa de la perdida de sus padres o un familiar cercano.
Día a día tenemos que aprender, independientemente de las libertades o restricciones que nos dicten nuestros gobernantes.
