Diploma curso masaje tailandés
Viajes

Mi curso de masaje tailandés

En 2007 me fui a vivir a Tailandia por temas de trabajo de mi esposo. Nunca imaginé que aún con los limitantes del idioma, iba a tomar un curso de masaje tailandés y hasta iba a obtener dos diplomas… ¡uno en inglés y el otro en tailandés! 

Tailandia es un país que aparte del gran atractivo que tiene con sus paisajes paradisíacos, ofrece otro: los masajes, una experiencia que atraen a muchos turistas que lo visitan y que tienen que probarlos.

Al llegar a este país asiático nos hospedamos en un hotel muy típico al lado del mar, rodeado de palmeras y árboles frutales.

Las habitaciones eran pequeñas cabañas de estilo tailandés, con camas de madera cubiertas con colchas de tela bordadas con hilos de color dorado o plateado en las que se observaban símbolos de los dioses de su religión budista con influencia de China y de la India, como imágenes de un elefante o la diosa Shiva.

Era muy emocionante estar en este país y en un entorno tan exótico.

En el jardín de este hotel había un espacio abierto en el que se daban masajes de tal forma que todo aquello era una ceremonia, pues la masajista hacia unos ejercicios de cuerpo antes de dar el masaje al cliente.

Yo quise probar esto pero  –como acostumbro– antes de decidir si participo o no en alguna experiencia, suelo primero observar todo. Así que observé y luego me decidí a tomar un masaje.

En este lugar solo estuvimos diez días antes de que nos cambiaran a Rayong, otra ciudad al este del país donde nos hospedamos en primera estancia unos cuatro meses, ya que luego nos cambiaron a Pataya, una ciudad más turística, en la que además encontré una academia que enseñaba el tradicional masaje tailandés, el más común.

En Tailandia hay muchos tipos de masajes y la gran mayoría de los hoteles ofrecen –dentro de sus paquetes turísticos– algunos de estos masajes, pero encontrar una escuela es difícil, sobre todo cuando no se habla el idioma nativo.

Después de visitar varios lugares donde impartían clases y técnicas de masaje, en los cuales, por cierto, cuando yo entraba me decían (a señas) «que no, que ahí era solo para tailandeses», pensé que esto sería una de las fuentes económicas más importantes del país y que hasta podría ser «secreto nacional». Finalmente y luego de caminar mucho, encontré una escuela donde sí me aceptaron.

Creo que el idioma tailandés, al sonar tan melódico, hace que la “r” sea más difícil de pronunciar, por eso cuando les dices alguna palabra en inglés, suelen confundirla con otra.

Me sucedió una vez que pedí una “Coca Cola Light”. Me dieron una normal y ¡arroz!, lo cual me desconcertó. Sucede que cuando expresé «light», la persona que me atendía entendió «rice” (arroz en inglés), ya que ellos pronuncian “lai”.

Por esto del idioma me pude imaginar que no sería sencillo tomar mis clases, pero era algo que me interesaba mucho y me inscribí.

El curso tenia una duración de 60 horas y las chicas tailandesas lo tomaban para poder trabajar dando masajes. Mi interés por aprender este tipo de masaje fue solo por conocer algo típico del país.

El primer día conocí a mis compañeras. Éramos seis alumnas, todas tailandesas. Una hablaba un poco de inglés y me fue de mucha ayuda, así que inició la clase en la que nos dieron unos dibujos del cuerpo humano y nos explicaron la función de cada parte y cómo se comporta con el masaje. Yo tomaba apuntes.

Las manos son muy importantes, pues a través de ellas entran o salen las energías de nuestro cuerpo. En este tipo de  masaje se aplica presión en los lados de los huesos donde se insertan músculos y terminales de nervios.

El maestro nos indicaba lo que teníamos que hacer y nosotras, en parejas, practicábamos con nuestra
compañera.

Lo más gracioso e impactante para mi fue un ejercicio que consistía en presionar con las manos, la ingle de una compañera durante un minuto, justo donde se encuentra la arteria femoral. Luego tenía que soltar de golpe.

Este ejercicio es muy bueno, pues sientes un gran descanso cerebral y corporal, que puedo decir, hace llegar al placer. Además es muy importante en el aprendizaje del masaje, por lo que cada una de las alumnas teníamos que hacérselo al profesor, ya que de esta manera evaluaba nuestro aprendizaje.

Llegó mi turno y me apliqué. Me imagino que al no hablar inglés y querer motivarme diciéndome que lo
estaba haciendo bien, mi profesor, con una voz que era casi un gemido, decía: «¡ah, veli good!». ¡Esta experiencia fue única y me hace reír hasta la fecha!

Terminé mi curso y obtuve orgullosa mis diplomas que aún conservo, uno en inglés y el otro en tailandés.

Mi familia ha disfrutado de estos masajes que yo les he dado y alguna vez en México se los enseñé a mis sobrinas y amigas, quienes tenían mucho interés en conocer y aprender esto, pues en aquellos años no estaba tan generalizado el tema de los masajes.

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3 Comentarios

  1. Gaby Rdz Ruíz dice:

    Muy interesantes todos tus artículos, este en especial me tocó vivirlo ya que las clases que nos diste en San Luis Potosí fueron en la casa de mis papás y también las recuerdo muy dinámicas con mis primas y divertidas.
    Muchas gracias por hacernos partícipes de tus viajes y vivencias, esperemos en un futuro puedan retomarse y sigas compartiendo tan maravillosas experiencias con todos los que te valoramos y extrañamos tanto acá en tu país

  2. claudia azuara dice:

    saludos Rocio

  3. Gracias Claudia, aquí vamos continuando el viaje de mi vida. Saludos!

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