El vuelo procedente de París a punto de aterrizar en Túnez.
Ver la costa noreste del Continente Africano, por la ventanilla del avión, con su paisaje desértico, en contraste con el azul intenso del Mar Mediterráneo, creo que es la mejor bienvenida que este país musulmán pueda dar a los visitantes.
Una de las celebraciones que más llamó mi atención en este sitio, fue el Ramadán, que es el tiempo de ayuno que marca la religión del Islám, y son unos 30 días al año en que los habitantes, además de ayunar, hacen oración, reflexión y comunidad. Su fecha de celebración varía de acuerdo al calendario musulmán. A mí me tocó vivirlo en julio de 1978 y me sorprendió bastante.
Túnez es un país que al estar en las puertas del desierto, tiene temperaturas extremas, tanto en calor como en frío.
En el mes de julio y agosto el calor a la sombra puede llegar a los 48 grados y en el sol es insoportable. Los habitantes de este país, en tiempo de Ramadán, se quedan en casa descansando, sentados en sus coloridas alfombras tejidas con lana y pelo de camello.
Mientras las mujeres jóvenes de la familia se cepillan el cabello las unas a las otras, la abuela prepara esencia de azahar con los pétalos de la flor de naranjo. Con esta esencia se prepara un almíbar que se usa en la elaboración del pastel típico del fin de Ramadán, llamado Baklava, hecho con almendras o pistachos.
Otras de las mujeres de la familia se dan tratamiento en sus manos y pies con Henna, que se extrae de la planta Alheña y tiene propiedades para proteger la piel. Esta pasta la aplican de forma artística, haciendo dibujos que decoran las manos, las uñas y los pies. Mientras, los más pequeños observan y aprenden y el jefe de familia lee o hace oración.
En tiempo de Ramadán los comercios están abiertos, pero los empleados o propietarios están en la parte posterior del local acostados, descansando. Algunos se refrescan los pies y la cabeza con agua que tienen en un recipiente, cerca de ellos, para no moverse, pues el ayuno es total y no se puede beber nada; por eso evitan cualquier movimiento que los fatigue.
El ayuno empieza a las 7 de la mañana. En las mezquitas se lanza un petardo o “cuete”, como decimos en México, el cual marca el inicio del ayuno de ese día. Por la tarde, a las 19:00 horas, suena otro petardo desde la mezquita que, con una voz que sale de unos altavoces, dirige una oración del Corán a todos los fieles.
Es impresionante el ruido de fondo que se produce al término del día de ayuno con las cucharas tocando los platos y las cacerolas, haciendo un sonido ambiental en toda la ciudad.
Después de cenar, los hombres salen a las terrazas a tomar el té negro y a jugar con los amigos un juego de mesa.
Las mujeres, mientras, recogen los trastes y los lavan, para después reunirse en los portales de las casas en amena conversación.

muy interesante tu relato Rocio ,saludos
Me alegra que te haya gustado Claudia, saludos!